Las nieves del Kilimanjaro

Los muchos Hemingway a los que Ernest nos tiene acostumbrados se conjugan entre las polarizaciones en este libro, donde el autor nos regala probablemente algunas de sus visiones más controvertidas sobre si mismo.

Ernest Hemingway es uno de esos escritores que en forma muy transparente, siempre habla desde él, es el héroe escondido en cada novela, cuento o ensayo, es él y no otro el protagonista de sus aventuras, hazañas o tragedias y por medio de las mismas se inmortaliza, Ernest Hemingway es el artista consumado y consumido, aquel que es efectivamente el motor creador y el combustible de la creación. Las nieves del Kilimanjaro es una recopilación de breves cuentos, adecuados para un extenso viaje, ya sea en tren, bote o avión, los relatos logran abstraer al lector a olvidar el tedio de la espera y ponerlo de pleno en la Savannah donde Hemingway nos regala en los dos relatos centrales algunas de sus facetas mas polares.

Primero nos conmociona con un Ernest fracasado, aquel que ha perdido la dignidad, que no posee amor, aquel alcohólico irremediable hundido en la vergüenza de sus propias decisiones, perdiendo la vida por un accidente insignificante, un hombre fracasado que ve aproximarse la muerte a paso lento y seguro, como ven volar sobre su cabeza las aves de rapiña, pacientes en la larga espera, Este protagonista o nos debe nada, vomita y destruye a su paso con tal de llevarse con él a la tumba todo lo que quede, son todos culpables de su miseria como es él, este el el Hemingway que se apaga, uno lucido que siente culpa, que está asqueado de la culpa devuelve sobre ella su rabia contra si mismo.

El segundo Hemingway es el héroe, el galán, el seductor, el macho no castrado que el primero querría haber sido, aquel que resuelve, toma, consume y devuelve los despojos, a diferencia del anterior en este hombre no hay culpa, ni aburrimiento, ni remordimiento, ha pagado sus deudas (si es que alguna vez tuvo alguna) y no debe nada, ni siquiera a sus clientes, es el perfecto ejemplo de virilidad sin reparos, aquel que sabe que el ciclo de la vida y la muerte está más allá de si mismo, y se ha vuelto un observador de la crudeza de la realidad. Este hombre seduce en la lectura, cautiva al lector por medio del deseo y no la lástima, para dominar todo el cuento, del cual ni siquiera le interesa ser protagonista.

Las nieves del Kilimanjaro tiene otros cuentos donde vemos a Ernest caminar entre la gente, algo difuso, algo perdido, probablemente responden a experimentaciones fallidas del autor de explorar desde un otro con el que no logra realmente identificarse, son meros ejercicios que no alcanzan a fijarse en la retina, héroes irrelevantes, para pasar las estaciones del tren o las campiñas cuando el sueño nos evade en medio de un viaje. En concreto no es una obra realmente necesaria, ni para conocer al autor ni para aprender de alguna experiencia, es una de esas publicaciones que vienen a extender una lista obscena de trabajos de un autor, esos libros irrelevantes que rellenan las bibliotecas entre títulos de mayor valor, puede ser usada para entender a Hemingway? quizás si, pero no explora lo suficiente ningún atributo que valga la pena recordar.

A las nieves del Kilimanjaro le doy un 2,7 de 5, no más que eso.

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