La pandemia de la desigualdad

La pandemia nos encontró como siempre, mal preparados, llenos de excusas y apuntándonos los unos a los otros, el problema es que al virus le importaba poco el color político del gobierno de turno, el índice de GINI o la lista del G20 y los países de la OCDE, así pasa con los problemas de la vida real, no puedes hacerles una finta.

Y tal como se venia prediciendo hace más de 40 años, estábamos mal preparados, y digo más de 40 años porque al menos desde 1978 que Mark Lalonde (Ilustre ministro de salud canadiense) publicó el reporte más importante en términos de determinantes de la salud, y sorpresa, no era el número de hospitales, ni cuantos neurocirujanos teníamos por habitante, si no lo más sencillo de todo, los determinantes sociales.

En palabras gruesas, Lalonde nos mostró que la salud se reparte en base a 4 grupos de determinantes:

  1. Los biológicos: el sexo, la genética, la raza, etc.
  2. Los estilos de vida: fumar, beber alcohol, consumir drogas, hacer deporte, consumir una dieta saludable.
  3. El entorno: la contaminación, acceso a plazas, vivienda digna, agua potable, techo.
  4. El sistema se salud: Disponibilidad de camas, profesionales, medicamentos, etc.

Pero estos 4 factores no influían de igual manera en la salud de las personas, de hecho, influían de forma muy distinta. Si bien las cifras cambian un poco (poquitito) de país en país (un 1 o 2 %).

En general la mitad de la torta se la llevan los estilos de vida, así como lo lee, la mitad de que tan buena es su salud, es debido a lo que usted hace por ella. Otros 2 20% se los reparten el entorno y la biología, ósea lo que la sociedad/ entorno hace por nuestra salud como tener un buen sistema de trasporte, vacaciones, vivienda digna, agua potable, y lo que le heredaron sus padres el día de su concepción.

Lo que hace realmente el sistema de salud por usted es muy poco, el impacto del sistema de salud en la salud de las personas es solo un 10%, si usted fuma, bebe, se droga, vive bajo un puente y no ha tenido un ingreso estable y digno en años, tiene sexo sin protección y además tiene unos genes que lo hacen susceptible a problemas hepáticos e hipertensión o cáncer, hay poco que el doctor o la enfermera puedan hacer por usted, su salud ya está repartida.

Entonces resulta que esto, que lo venimos escuchando casi sin cambios en salud pública desde los años 80’s era cierto, y sin embargo en general los países invierten el grueso de sus presupuestos en salud, en construir hospitales, a veces me pregunto por qué tanto negocio inmobiliario y tan poca inversión en estilos de vida y entorno.

Y así nos pillo la pandemia, como si no supiésemos esto, construyendo salas de espera para que la gente se siente durante varías horas, y olvidando que los cigarros y el alcohol en Chile son más baratos que el kilo de carne, las verduras y el detergente de la ropa, donde cada vez que hacemos una campaña contra los malos hábitos de vida, salen los defensores de la libertad a defender el derecho de vendernos veneno, y nosotros lo compramos.

Nos pilló con las manos en los bolsillos, apuntándonos con el dedo en el país de Latinoamérica en que más mujeres fuman, con uno de los peores índices de obesidad y sobrepeso del mundo, porque resulta que según la última encuesta nacional de salud (2016) solo el 24% de los chilenos tiene un peso normal, nos pilló sedentarios, alcohólicos, nos encontró pidiendo hospitales, pero incapaces de hacer ejercicio, nos encontró convencidos de que solucionábamos la pandemia comprando ventiladores mecánicos.

Pero la pandemia no se trataba de ventiladores mecánicos, por que lo que define a la pandemia no es su capacidad de enviar la gente a la UCI, si fuese así el Hanta sería pandemia, pero no lo es, lo que define una pandemia es su capacidad de trasmitirse de forma descontrolada dentro de una comunidad, y mientras comprábamos ventiladores mecánicos y pensábamos en la economía, el virus se regaba por las comunas menos adineradas de Chile (que digamos es como el 80% del país) hasta que un día nos quedó la escoba y el ministro de salud del momento salió en un matinal diciendo que él desconocía el nivel de hacinamiento en Chile, y así fue como se gestó el fracaso de nuestro manejo.

Manejar la pandemia desde la lógica hospitalista tiene al país de rodillas, pero como no aprendemos de nuestro error, el hoy ministro de salud es un hombre brillante con gran experiencia intrahospitalaria, y el segundo al mando del ministerio, el Subsecretario de redes asistenciales, un hombre con gran experiencia manejando UCIs en clínicas privadas. Me pregunto si ya habrán averiguado cual es el índice de hacinamiento en Chile, o si seguirán contando ventiladores.

Y le seguimos metiendo plata al sistema de salud, que el 1978 Lalonde nos contó que solo reporta el 10% de la salud de las personas, y mientras no nos hacemos cargo de los estilos de vida y el entorno, por eso nos merecemos esta pandemia, nosotros, los que sabíamos esto y no hemos podido hacer nada, por que no tenemos banderas políticas, por que los programas de vida sana no venden, por que tenemos a la población embobada preguntándose si el ventilador mecánico que le van a poner lo habría usado algún famoso mientras se fuma un cigarrito en la plaza de tierra, con 30 kilitos que le quedaron del embarazo, claro el eso fue hace 28 años, le está costando bajarlos.

Dejemos de preguntarnos si tenemos que ventilar por presión o por volumen y empecemos a preguntarnos cuánta gente nos cabe realmente en la micro.

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